De la relación directa entre tener que limpiar el baño usted mismo y poder abrir sin miedo un Mac Book en el bus

Publicado el 14 de Septiembre de 2009, por Daniel Duclos
Traducido al Español por Ángela M. Hernández Enero 10, 2013 (@anmaheca)
Edición de la traducción al Español por Leonardo Mateus Enero 14, 2013 (@matealeo)

ACTUALIZACIÓN: Mucha gente ha leído este post como una idealización de Holanda como un lugar paradisiaco. Nada más lejos de la verdad. Holanda no es ningún paraíso y tiene problemas diversos, muchos de los cuales los siento en carne propia diariamente. Lo que pretendo hacer acá es decir dos cosas: el origen de la violencia en Brasil es la desigualdad social y 2, a pesar de la violencia que genera, muchas personas disfrutan de esa desigualdad y se sienten infelices cuando ella disminuye, porque de ella se benefician y no ven la relación entre desigualdad y violencia. Al final, este post no es sobre Holanda. El que Holanda esté aquí es casual. Este post es sobre Brasil, mi patria madre.

 

La sociedad holandesa tiene dos pilares muy claros: libertad de expresión e igualdad. Claro, cuando la teoría entra en práctica, varios problemas surgen, y hay censura y hay desigualdad, en alguna medida; más esos ideales sirven como norte en la brújula social holandesa.

Un vigilante aquí en Holanda no se cree inferior a un gerente. Un instalador de cortinas tiene tanto valor como un profesor con doctorado. Todos trabajan, llevan sus vidas, y una profesión es tan digna como cualquier otra. Fuera del horario de trabajo, nada impide que todos se sienten en el mismo bar a tomarse sus Heineken juntos. Ninguno mira por encima del hombro al otro. La profesión no define el valor de la persona – trabajo honesto y duro, es trabajo honesto y duro; sea haciendo pozos en las calles o digitando una planilla en una oficina con aire acondicionado. El uno necesita del otro y todos dependen de todos. Claro que las profesiones más especializadas pagan más. La cuestión no es esa. La cuestión es que “el que gane más porque tenga una profesión más especializada no lo hace mejor que nadie”.

Las profesiones especializadas pagan más, pero no mucho más. La igualdad social significa menor distancia social: encontrarse todos en el medio. No hay muy arriba, ni muy abajo. Un recolector de basura no gana mucho menos que un analista de sistemas. El salario mínimo es de 1.300 €/mes. Un buen salario de profesión especializada es de unos 3.500 € a 4.000 €/mes. Y, ganar más que otra persona no la convierte en su subalterno: el vigilante no toma órdenes de usted sólo porque usted es gerente de Recursos Humanos. Además, las órdenes son muy mal vistas. Llegar dando órdenes limitará su mandato. Todos allí están en un equipo, del cual usted hace parte tanto como los otros (así su trabajo dentro del equipo sea tomar decisiones).

Esos conceptos son básicamente inversos a los conceptos de la sociedad brasilera, fundada en la profunda desigualdad. Entre los brasileros que vienen aquí para trabajar y vivir es común – hay excepciones – extrañarse por ser visto a los ojos por todos – el jefe no lo ve por encima del hombro, el mesero no lo ve desde abajo. Cuando dan órdenes o ignoran socialmente quienes tienen profesiones menos especializadas que las suyas, quedan confundidos al recibir hostilidad en vez de subordinación. Quedan incluso más confundidos cuando el jefe no da órdenes – ¿qué hacer ahora?

Los salarios pagados para profesiones especializadas en Brasil consiguen contratar fácilmente por lo menos a una trabajadora por días, cuando no a una persona tiempo completo. Los salarios pagados a las misma profesión aquí no son suficientes para ese lujo, y es preciso limpiar el baño sin ayuda – y aunque pague (mucho más de lo que pagaría en Brasil) a un ayudante, éste no se quedará todo el día siguiéndolo, limpiando cada suciedad suya, sirviendo café. Ellos vienen, hacen un arreglo general y se van a cuidar de sus vidas fuera del trabajo, así como usted. De repente, la ficha de lo que realmente significa igualdad cae: todos se encuentran en el medio, y para quien estaba en Brasil en la parte de encima, encontrarse en el medio quiere decir descender de un pedestal que juzgaba derecho incuestionable (sea porque “estudiaron más” o porque “mi papá trabajó duro y surgió de la nada” o cualquier otra justificación para la desigualdad).

Sin embargo, la igualdad social holandesa tiene otro efecto que es mucho más atrayente para quien viene de la sociedad profundamente desigual de Brasil: la relativa seguridad. Claro que aquí hay violencia – hay personas asesinadas, hay robos. Estoy haciendo una comparación, y menos violenta no quiere decir “no violenta”.

Lo curioso es que aquellos brasileros que se quejan amargamente de limpiar el baño propio, elogian incansablemente la posibilidad de caminar en la noche, sin miedo por las calles; sin observar la relación entre las dos cosas. La violencia social no es fruto de la pobreza. La violencia social es fruto de la desigualdad social. La sociedad holandesa es relativamente pacífica no porque sea rica, no porque sea “primer mundo”, no porque los holandeses tengan alguna superioridad moral, cultural o genética sobre los brasileros; sino porque la sociedad de ellos tiene poca desigualdad. Hay una relación directa entre que la clase media holandesa limpie su propio baño y poder abrir un Mac Book de 1.400 € en el bus, sin miedo.

Yo, personalmente, encuentro excelentes esos dos efectos. Primero, porque creo firmemente que la profesión de alguien no tiene ninguna relación con el valor personal. El hecho de haber “estudiado más”, tener doctorado o liderar un equipo no lo torna personalmente mejor que nadie, lo siento mucho. No veo la superioridad moral de un trabajador honesto sobre otro, no importa cual sea. Por trabajo honesto no quiero decir “dentro de la ley” – no considero honesto matar, robar, esparcir veneno, aprovecharse de la ingenuidad ajena, difundir odio y mentira, no me importa si es legal o no. Qué tanto estudió puede darle derecho a un mayor salario – pero no lo hace superior a quién no ha estudiado (por opción, o por falta de ella). Quién su padre es o fue no quiere decir nada sobre quién usted es. Y nada, mi amigo, nada le da derecho a ser un imbécil. Un doctor que es arrogante y deshonesto tiene menos valor que cualquier mesero que trata bien a las personas y no engaña a nadie. La profesión no tiene relación con el valor personal.

No me gusta más que a cualquiera limpiar un baño. A nadie le gusta – ni a las personas que hacen aseo en Brasil, obviamente. Tampoco me gusta ir al médico a hacer exámenes. Pero hace parte de la vida, y es un precio que pago por la salud. Limpiar el baño es un precio a pagar por la salud social. Y un precio que encuentro, la verdad, bastante barato.

P.D.: Últimamente viene surgiendo en la sociedad holandesa un cierto tipo particular de desigualdad, y ese crecimiento de desigualdad ha sido acompañado, previsiblemente, de un aumento respectivo y equivalente de violencia social. La pregunta de los inmigrantes islámicos y sus descendientes es compleja, y todavía estoy estudiando sobre el asunto.

2 Responses to De la relación directa entre tener que limpiar el baño usted mismo y poder abrir sin miedo un Mac Book en el bus

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